Cólicos del lactante: qué son
Los gases y 'flatitos' del bebé eran hasta hace poco, los mayores responsables de provocar lo que se conoce como el Síndrome del Cólico del Lactante. Sin embargo, hoy se admite que bajo este nombre se han agrupado una serie de supuestas dolencias o malestares de origen desconocido, que afectan a un niño sano durante su primer trimestre de vida y cuya manifestación más evidente es el llanto excesivo, repentino y que no cede antes las atenciones o cuidados paternos.
En la gran mayoría de los casos, los exámenes clínicos efectuados a estos bebés no revelan ningún signo objetivo de alteración fisiológica, lo que dificulta un diagnóstico preciso.
Lo que generalmente se interpreta como síndrome colicoso es un cuadro caracterizado por episodios de llanto -que a veces duran dos o tres horas diarias- los que aparecen por lo general después de alimentarse, al final de la tarde o al comienzo de la noche, de manera abrupta y sin causa aparente. A esto se suman otras señales como intranquilidad general del bebé, quien aprieta las manos, flexiona las piernas y brazos, o aprieta su guatita.
Cuando se producen estos síntomas es recomendable hablar con el pediatra, que puede hacer recomendaciones o indicar algún medicamento, como antiespasmódicos. Sin embargo, no hay consenso sobre las razones que provocan este cuadro, el que generalmente pasa con el tiempo, a partir del cuarto mes de vida.
Temperamento colicoso
Aunque por mucho tiempo se pensó que el cólico era un trastorno gastrointestinal, investigaciones médicas han revelado que sólo un 5% de los bebés afectados presenta efectivamente alteraciones de este tipo. Por lo general, existe consenso de que los cólicos se explican por diferencias individuales en los procesos de desarrollo de cada niño , como su temperamento, tolerancia al dolor o proceso de adaptación al medio. Por lo tanto, suelen ser episodios normales de la infancia, especialmente en los primeros tres meses de vida.
El problema es que estos llantos provocan gran ansiedad y preocupación en los padres, sentimientos que muchas veces se transmiten al hijo, generando un verdadero círculo vicioso: el niño llora, los padres se alteran, lo mueven de un lado a otro, se culpan mutuamente, el bebé percibe esta inquietud y se pone más tenso.
Pero así como el carácter del niño y la reacción de sus padres pueden influir en la aparición de cólicos, también existen otras razones para explicarlos. Entre otros, algunas causas probables son:
• Una mala técnica de alimentación (por ejemplo, que la madre amamante acostada al niño o lo alimente en exceso)
• Un ambiente ruidoso, en el cual el niño no logre relajarse
• Problemas para coordinar el pujo que permite evacuar. En otras palabras, el niño no logra controlar la musculatura para defecar. Este problema se llama hipertonía del esfínter anal y puede ser tratado con supositorios de glicerina, los cuales deben ser indicados por el pediatra.
• Intolerancias o alergias alimentarias. Cuando se trata de bebés con lactancia exclusiva, ésta puede provocarse por la dieta de la madre. Es difícil hacer generalizaciones en relación a qué alimentos causan flatulencias. Si la madre nota una relación directa entre el consumo de un alimento y la incomodidad de su bebé, es recomendable que lo suspenda mientras esté amamantando.
Relajación y baños tibios para los cólicos
Los cólicos no sólo pueden abordarse con cambios en la pauta de alimentación o medicamentos. Muchos pediatras apuntan a generar ambientes de relajación en la casa. Estas técnicas inluyen:
• Los masajes corporales son una buena terapia para los cólicos. Deben hacerse de forma circular en el vientre y en dirección ascendente en la espalda del bebé. Para ayudar al bebé a eliminar los gases también puede acostarlo de espaldas, tomar sus piernas -que deben estar separadas, en posición paralela- doblarlas y empujarlas suavemente en dirección al abdomen repetidamente.
• Los baños de agua tibia por la tarde son de utilidad, siempre que sea en un momento agradable y sin prisas. Lo importante es ir probando distintas posibilidades y descubrir aquellas que lo hagan sentir mejor.
• Actuar con calma y transmitir serenidad al hijo o hija es fundamental. Cuando los papás se angustian ante el llanto del hijo, lo toman inmediatamente y lo mueven de un lado a otro, a veces logran el efecto contrario. Disminuir los estímulos y tolerar algunas cuotas de llanto como parte del comportamiento normal del niño, pueden ser una vía para manejar un temperamento irritable.